Sobre la muerte de Kôtoku Shûsui (Denjiro Kotoku), Kano Sugano (Suga Kanno) y sus 11 compañeros (1911)

El 24 de Enero de 1911, doce anarquistas japoneses murieron en la horca bajo presuntos cargos de haber sido parte de una conspiración para asesinar al Emperador Meiji. Otros 12 anarquistas, entre cientos de sospechosos que fueron arrestados, recibieron cadena perpetua. En realidad, jamás se pudo comprobar que tal conspiración haya existido ni mucho menos que estos doce anarquistas hayan tomado parte alguna en ella.

Fotografía de la época. Ambxs compañerxs en la imagen

Kano Sugano y Kôtoku Shûsui (imagen publicada en Mother Earth acompañando este artículo)

El 24 de Enero de 1911, doce anarquistas japoneses murieron en la horca bajo presuntos cargos de haber sido parte de una conspiración para asesinar al Emperador Meiji. Otros 12 anarquistas, entre cientos de sospechosos que fueron arrestados, recibieron cadena perpetua. En realidad, jamás se pudo comprobar que tal conspiración haya existido ni mucho menos que estos doce anarquistas hayan tomado parte alguna en ella*. Como se desprende de un comunicado de la Embajada Japonesa en los EEUU, publicada en el Washington Herald, publicada el 30 de Diciembre de 1910, los condenados eran ante todo llevados a la horca por ser anarquistas: “El juicio de Denjiro Kotoku y los otros acusados, ha demostrado que son anarquistas comunistas. Ellos idearon un plan secreto para asesinar el pasado Agosto al Emperador así como a los ministros de Su Majestad, con el fin de propagar sus ideas de esta manera, a la vez que se entregaban al incendio y saqueo. Estos hechos han sido establecidos por sus confesiones, por la existencia de bombas y otras pruebas”**.

Entre estos anarquistas se encontraba el fundador del anarquismo japonés, Kôtoku Shûsui (cuyo nombre real era Kôtoku Denjirô, nombre con el cual es llamado en el artículo a continuación), quien de hace tiempo se había convertido en una piedra en el zapato para las clases dominantes japonesas por su prédica antimilitarista, anti imperialista, socialista, libertaria y revolucionaria que conducía hacía casi una década. Otra de las víctimas de esta masacre por decreto legal fue su compañera Kano Sugano la cual recibe un elogio destacado en este artículo.

Este crímen fue denunciado por varios medios libertarios alrededor del mundo, principalmente en los EEUU, donde tanto Kôtoku como Sugano, habían pasado una temporada. De hecho, en EEUU es donde se afianzaría el pensamiento libertario de Kôtoku, por lo cual no es de extrañar que en este país los anarquistas hayan sido más activos que en ninguna otra parte, al menos de occidente, para lograr su liberación y parar su asesinato. En Nueva York se formó un Comité por la Defensa de Kôtoku y se realizó una movilización pública a favor de los sentenciados anarquistas el día 12 de Diciembre de 1910; en este ambiente, el juicio recibió la atención de la prensa capitalista norteamericana. Sin embargo, fue la prensa anarquista la cual tuvo, como es lógico, un interés mayor en el caso, denunciando frecuentemente el rol de la prensa capitalista en desfigurar los hechos. Hippolyte Havel (1869-1950), el autor del artículo que publicamos a continuación sobre el martirio de los anarquistas japoneses, fue un anarquista checo exiliado que tras pasar por París, Berlin y Londres terminó asentándose en Nueva York en 1900 con quien fuera por un período de tiempo su amante: Emma Goldman, anarquista de orígen ruso editora de la revista Mother Earth, donde este artículo fue publicado.

Hemos hecho la traducción de este artículo como parte de la serie de ensayos y documentos históricos sobre el anarquiso en el Lejano Oriente. Este trabajo es interesante porque refleja la visión que entonces se tenía del anarquismo japonés en los EEUU, país que tenía estrechos vínculos con el movimiento libertario en la tierra del sol naciente. El artículo fue tomado de la antología de artículos de la revista Mother Earth “Anarchy!”, de Peter Glassgold, Ed. Counterpoint, 2001.

José Antonio Gutiérrez D.
31 de Agosto, 2010

* Si se comprobó que uno de los acusados, Tokichi Miyashita, había comprado artefactos explosivos y habían hecho pruebas en campo abierto, pero jamás se había diseñado un plan de acción. Esto, sumado a la retórica innecesariamente violenta que habían hecho en el pasado algunos anarquistas (incluyendo un folleto titulado Ansatsushugi -Terrorismo, de 1907), fueron utilizados para generar la histeria que permitió al Estado dar el golpe de gracia al movimiento anarquista, el cual entraría desde entonces en el período conocido como “invierno”, el cual terminaría solamente en 1918 con los disturbios del arroz y la vuelta del anarquismo al movimiento de masas.

** http://chroniclingamerica.loc.gov/lccn/sn83045433/1910-…eq-2/

********
¡Viva la Anarquía!

Los hombres más grandes de una nación son aquellos que ella condena a muerte.
(Ernest Renan)

El obscuro acto ya ha sido realizado. Los mejores y más nobles han caído, asesinados de la manera más diabólica y bárbara.

Un crímen, sin comparación en su atrocidad, se ha cometido el día veinticuatro de Enero de mil novecientos once. Se ha dado un enorme golpe a la humanidad, y se ha arrojado el guante a la cara de la civilización. El barbarismo más implacable ha estrangulado, a sangre fría, a los heroicos pioneros de una nueva idea y se ha regocijado con la agonía de sus víctimas indefensas.

Y sin embargo no estamos llorando. Más bien es nuestra tarea revelar al mundo la pureza y la inocencia, la honestidad y la lealtad, el espíritu de sacrificio y devoción de nuestros compañeros asesinados. No lloramos: nuestros amigos han alcanzado la inmortalidad.

Su martirio marca una nueva época que comienza en el Japón. Cuando la era de Mikado Mutsuhito [1] se haya desvanecido de la memoria de los hombres, cuando el bushido[2] no sea más que una fábula y un mito, los nombres de nuestros mártires anarquistas serán cubiertos de gloria en las páginas del progreso humano. Cuando los miembros del Daishinin[3] que entregaron a lo más noble de la humanidad a las manos del verdugo sean todos olvidados, los mártires de Tokio serán respetados y admirados por las futuras generaciones.

El movimiento revolucionario en el Oriente ha recibido su bautizo de sangre. Los gobernantes bárbaros piensan que así habrán erradicado al movimiento por la emancipación. ¡Qué estupidez! Han destruido los cuerpos de doce representantes de esta idea nueva que conquista al mundo, y han silenciado a otros más en sus mazmorras; ¡pero su espíritu vive! Ese espíritu, el grito eterno de libertad –no puede silenciarse, no se le puede asesinar. Fue, es y será. Como un conquistador sigue avanzando hacia adelante, siempre hacia adelante, hacia la libertad y la vida.

¡Viva la Anarquía! Este histórico grito ha encontrado su eco en el Lejano Oriente. Frecuentemente se le ha escuchado de boca de los Mártires de Chicago, París, Buenos Aires, Viena, San Petersburgo, Barcelona y de numerosos otros sitios. Ha aterrorizado por décadas a tiranos y opresores de todos los países. Han torturado, decapitado, electrocutado, descuartizado, fusilado y ahorcado a los pioneros de la nueva idea. Pero sus voces no han sido silenciadas.

¡Viva la Anarquía! El veinticuatro de Enero este grito una vez más se escuchó de boca de los doce nuevos mártires. Se ha coronado la solidaridad del proletariado internacional. Occidente y el Lejano Oriente se han dado la mano.

Con orgullo y alegría, nuestros compañeros enfrentaron a la muerte. ¡Viva la Anarquía! gritó Denjiro Kotoku. Banzai (i.e., por siempre) replicaron sus camaradas de lucha y de muerte.

Nos fueron muy queridos. No lloramos; pero nuestros corazones se entristecen con el recuerdo de la encantadora Sugano. Con gran afecto mantendremos su memoria. La vemos como a una tierna flor de loto destruida salvajemente por la mano del verdugo; la observamos, debilitada por la enfermedad, quebrada por la larga prisión, empero, enfrentando su fatal destino con alegría y calma. He vivido por la libertad y ahora muero por la libertad, pues la libertad es mi vida. Esto ha escrito recientemente a su maestro de inglés en San Francisco (EEUU).

¡Delicada Sugano! Tú, hija de Samurái, hija de un miembro del parlamento de tu país, talentosa escritora y autora, fuiste, tal cual lo hicieron tus hermanas rusas, al pueblo, exponiéndote voluntariamente al peligro, a las dificultades, al hambre. Han buscado difamar tu carácter y tu nombre. Los representantes de Mutsuhito, él mismo un hombre polígamo; su hijo, el posible heredero, vástago de una concubina; los lacayos del Primer Ministro Katsura, quien eligió a la hija del dueño de un burdel como esposa –todos estos honorables hombres buscan difamarte, adorable flor de loto, por tu amistad con Denjiro Kotoku.

¡Qué odiosos canallas! Pero llegará el día en que se levante un Turguenev en las tierras de Nipón y el nombre de Sugano Kano se reverenciará junto al de las Sofía Perovskayas, las Vera Figners y las María Spiridonovas [4].

Con la pérdida de Denjiro Kotoku, el movimiento internacional ha perdido a uno de sus más nobles representantes. Él fue el pionero del pensamiento socialista y anarquista en el Lejano Oriente. Sus numerosas traducciones –El Capital de Karl Marx, El Apoyo Mutuo, La Conquista del Pan, Campos, Fábricas y Talleres y A los Jóvenes de Kropotkin, junto a otras obras contemporáneas- han logrado que se produjera la apertura real de Japón a la civilización occidental.

Denjiro Kotoku era, junto a Tolstoi, el más grande opositor a la guerra; y –al igual que Hervé [5]- un propagandista de ideas antimilitaristas de lo más valiente y comprometido. Mientras los patrioteros celebraban, durante la guerra ruso-japonesa, las orgías de masacres al por mayor, Kotoku se ocupó de denunciar el negocio del asesinato con sus brillantes artículos del Yorozu-Choho. Pero la voz del profeta se perdió en la tormenta. Al igual que Víctor Hugo, Mazzini, Blanqui, Bakunin, Marx, y decenas de otros pioneros de la libertad antes que él, se vio forzado a abandonar su tierra natal, para exiliarse en San Francisco (EEUU), y una vez aquí, en la tierra de Patrick Henry, Thomas Paine, y Jefferson, sufrió nuevas persecuciones a manos del gobierno de Washington. ¡Qué vergüenza, qué desgracia!

Denjiro Kotoku, Sugano Kano, Dr. Oishi, y sus compañeros asesinados por la ley; ellos, de lo más noble e inteligente de su pueblo: escritores, médicos, representantes de la filosofía budista pura de la hermandad humana, y entre ellos intelectuales proletarios –ellos son quienes han sido masacrados con la esperanza de poder aniquilar todo vestigio de del pensamiento mundial moderno.

Hombres grandes y valientes. Con amor y ternura, leemos nuevamente una antigua carta enviada por el Dr. Oishi, lector de MOTHER EARTH. En un inglés fuerte y claro, envía sus saludos a los camaradas estadounidenses y solicita literatura anarquista para distribuir a sus connacionales. El muy querido, genial médico Shingo-Key, que trajo alegría y alivio a miles de enfermos y afligidos. Su única recompensa fue el patíbulo.

Nuestros ojos, por fin, han sido abiertos al verdadero carácter del gobierno de Mikado. Sabemos ahora de la infame conspiración montada por el gobierno japonés. Nos damos cuenta del pleno significado de esta conspiración atroz. Podemos seguir hasta su fuente de orígen todos los informes falsos, las desfiguraciones y las mentiras que hizo circular la agencia noticiosa Reuters, junto a los embajadores y cónsules japoneses, y especialmente la Oficina de Información Oriental de Nueva York. El misterioso velo oriental ha sido parcialmente levantado. El mundo civilizado está conciente ahora de que el juicio a nuestros camaradas mártires fue conducido en secreto [6]; que los acusados fueron privados de una audiencia imparcial o de defensa; que la afirmación de que habían confesado su culpabilidad fue un invento; y que, finalmente, la declaración oficial sobre la presencia en el juicio de miembros de las embajadas extranjeras también fue absolutamente falso.

El juicio a Franciso Ferrer fue un acto ideal de justicia comparado con esta matanza judicial al por mayor. Desde los tiempos de los Decembristas (Dekabrists) en Rusia [7], la humanidad no había sido testigo de un crimen tan monstruoso, tan monumental, como el que acaba de cometer el gobierno del Japón.

Los gobernantes de Japón han conseguido una cosa. Se han ganado el odio de los elementos libertarios de todo el mundo, que unirán sus manos con el proletariado japonés, que comienza a despertar, en su gran tarea de emancipación social.

La masacre no solamente ha convertido a nuestros compañeros en mártires; los ha hecho inmortales. De su sangre nacerán nuevos rebeldes; vengadores que barrerán de la faz de la tierra a estos asesinos y sus instituciones.

¡Viva la Anarquía!

Hippolyte Havel
(Mother Earth, Vol V, No. 12, Febrero 1911)
Traducción y Notas: José Antonio Gutiérrez D.


[1] Emperador japonés cuyo nombre oficial era Meiji, que gobernó desde 1867 hasta 1912, período en el cual la sociedad japonesa fue modernizada desde el Estado, convirtiéndose Japón en una potencia industrial en el Oriente. Él sienta las bases del imperialismo japonés del siglo XX.
[2] “Camino del guerrero” –filosofía y código ético de los Samurái.
[3] Antigua Corte Suprema japonesa.
[4] Perovskaya y Figner fueron dos populistas rusas involucradas en el atentado al Zar Alexander II. Spirodonova fue una social revolucionaria de izquierda quien también participó en atentados contra agentes zaristas.
[5] Gustave Hervé fue un socialista que en momentos de escribirse este artículo, se encontraba preso por sus actividades antimilitaristas. Una vez salido de la prisión en 1912, se convirtió en un ferviente patriota desarrollando posteriormente simpatías por el fascismo.
[6] Sobre las objeciones levantadas por el movimiento solidario en los EEUU y otros países, el gobierno imperial nipón se vio en la obligación de justificar esta decisión atendiendo al orden público y afirmando la constitucionalidad de conducir un juicio en secreto. Como siempre, la legalidad terminó siendo amañada según los intereses de los poderosos. Ver nota periodística en el New York Times, 30 de Diciembre de 1910 http://query.nytimes.com/gst/abstract.html?res=9507E6D6…6D6CF
[7] Los Decembristas era un grupo de oficiales rusos que lideró una revuelta de inspiración democrático-burguesa, liberal, en contra de la autocracia rusa en Diciembre de 1825. Sus principales líderes fueron ahorcados, otros condenados al exilio, prisión perpetua y trabajados forzados.

Webgrafía:

Hippolyte Havel. Sobre la muerte de Kôtoku Shûsui y sus 11 compañeros (1911). Extraído el 22 de Enero del 2015 desde http://www.anarkismo.net/article/17443

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